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Rebecca Buendia
del blog de ANDREA MENENDEZ

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erotismo femenino... por qué ellos guiaron a la fuerza nuestro deseo durante siglos... pero siempre se mantuvo intacto en nuestro interior...

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ARENA Magazine
Photography by
MATTHIAS VRIENS
May 2004


Cuando el chabón te de el brazo
pa´cruzar la puerta el telo,
despacito y sin camelo
tanteándole andá el pedazo.
Si lo manyás mortadela
Es que el punto ´stá nervioso
Sacudile una franela
Hasta que se le ponga groso
Ahí nomás al catre tiralo
y empezá con tu laburo:
la lengüita sobre el palo,
un dedo en el ojo oscuro.
Si no guasquea, ¡largalo!
¡Ligaste un puto! Seguro.
TITO DEVREK 10/2008
El lunfardo es el dialecto utilizado en la mayoría de los tangos. Puede ser considerado como el idioma del tango argentino.
Diccionario aquí
del blog de THC


T.I.T. fotos
natura
Crecí muy solo, y desde que tengo memoria sentí angustia frente a todo lo sexual. Tenía cerca de 16 años cuando en la playa de X encontré una joven de mi edad, Simona. Nuestras relaciones se precipitaron porque nuestras familias guardaban un parentesco lejano. Tres días después de habernos conocido, Simona y yo nos encontramos solos en su quinta. Vestía un delantal negro con cuello blanco almidonado. Comencé a advertir que compartía conmigo la ansiedad que me producía verla, ansiedad mucho mayor ese día porque intuía que se encontraba completamente desnuda bajo su delantal.
Llevaba medias de seda negra que le subían por encima de las rodillas; pero aún no había podido verle el culo (este nombre que Simona y yo empleamos siempre, es para mí el más hermoso de los nombres del sexo). Tenía la impresión de que si apartaba ligeramente su delantal por atrás, vería sus partes impúdicas sin ningún reparo.
En el rincón de un corredor había un plato con leche para el gato: “Los platos están hechos para sentarse”, me dijo Simona. “¿Apuestas a que me siento en el plato?” –“Apuesto a que no te atreves”, le respondí, casi sin aliento. Hacia muchísimo calor. Simona colocó el plato sobre un pequeño banco, se instaló delante de mí y, sin separar sus ojos de los míos, se sentó sobre él sin que yo pudiera ver cómo empapaba sus nalgas ardientes en la leche fresca. Me quedé delante de ella, inmóvil; la sangre subía a mi cabeza, y mientras ella fijaba la vista en mi verga que erecta, distendía mis pantalones, yo temblaba.
Me acosté a sus pies sin que ella se moviese y por primera vez vi su carne “rosa y negra” que se refrescaba en la leche blanca. Permanecimos largo tiempo sin movernos, tan conmovidos el uno como el otro. De repente se levantó y vi escurrir la leche a lo largo de sus piernas, sobre las medias. Se enjugó con un pañuelo, pausadamente, dejando alzado el pie, apoyado en el banco, por encima de mi cabeza y yo me froté vigorosamente la verga sobre la ropa, agitándome amorosamente por el suelo. El orgasmo nos llegó casi en el mismo instante sin que nos hubiésemos tocado; pero cuando su madre regresó, aproveché, mientras yo permanecía sentado y ella se echaba tiernamente en sus brazos, para levantarle por atrás el delantal sin que nadie lo notase y poner mi mano en su culo, entre sus dos ardientes muslos.
Regresé corriendo a mi casa, ávido de masturbarme de nuevo; y al día siguiente, por la noche, estaba tan ojeroso que Simona, después de haberme contemplado largo rato, escondió la cabeza en mi espalda y me dijo seriamente: “no quiero que te masturbes sin mí”. Así empezaron entre la jovencita y yo relaciones tan cercanas y tan obligatorias que nos era casi imposible pasar una semana sin vernos. Y sin embargo, apenas hablábamos de ello. Comprendo que ella experimente los mismos sentimientos que yo cuando nos vemos, pero me es difícil describirlos.
Georges Bataille
Besos quietos

Holográficos hombresVALY WAINER
Un territorio impenetrable
conserva su impunidad en mi interior.
Ayuda para desquitarme de mi propio encierro
Socorro me ahogo en un mar de espermáticas nimiedades
La prosa ininstituible de mi aliento
se hace lugar a empujones
ellos igual se las ingenian para perpetuar nuestra ausencia
Verbos y mal humores
untan el ritmo impávido que resuelvo llevar
humeantes condones me protegen de sus imposiciones viriles
Yo, nada,
quejosamente
me igualé a mis antepasadas pares
en luchas impotentes.
Yo, nada,
columpiando mis pasiones
en rincones remotos de mi memoria
ausente.
Yo, nada,
silencio la razón y me manejan las pociones
Yo, nada,
trepo violentamente por mi orgullo
Con la misma crueldad
con los mismos argumentos:
yo oprimo
tu oprimes
él nos oprime
nosotras nos dejamos
ellos gozan
En machismos heredados
en insomnes mandatos colectivos
Yo, nada.
Gorgojeo palabras insultantes
para desprenderme de mis insípidas vestiduras de dama
años de sociedades me disfrazan de mujer
profundos argumentos me detienen
simulan mantenerme en pie
Yo, nada.
Tropiezo con las mismas columnas vertebrales
miriñaques
minifaldas
Menstruando tiempo
veintiocho eternidades pasarán
antes del matriarcado
Cadenas de machos
tejerán hombres
pregonando fálicas demandas.
Pero el cetro es nuestro
redondo como nuestros vientres
doliente como contracción
potente como parto.
Dar muerte es hombre
La vida,
la vida es mujer.