erotismo femenino... por qué ellos guiaron a la fuerza nuestro deseo durante siglos... pero siempre se mantuvo intacto en nuestro interior...
Mostrando las entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
...
Lengua hacia el sol lengua a la tierra los labios me empapo sin azúcar en este encuentro. El pelo me cubre los ojos me destapo me lo ato. Miro tus ojos, después tu boca. Tu mirada se dirige a tu pija en conjunto con mis manos. Dentro de mi boca, con mi lengua nace un jugo carnal que lo impregno en la palma de mi mano. Te presto la otra, me gusta tu lengua y el cosquilleo del cual tu lengua es la culpable. Entiendo que te estoy amando, o la estoy amando. Solo quería en este invierno hamacar mis manos con amor y ese deseo. Cantarte otro poco. Un instante... no doy mas, mis manos tampoco, pero sigo sedienta mi boca se vuelve adicta aunque quiera controlarla. Un rojo amor se presenta ante vos, pero se envuelve nuevamente en mí. Atenta a tus manos, predispuesta estoy. Hay miel que recorre mi cuerpo y que desembocará en vos, y me subo a vos y te muerdo hasta los poros. Párpados, cejar, lengua, boca y tus ojos me regalan tu ardor a mí. Los gritos que tardaste en percibir los escucho y te veo, te veo besare con la misma intensidad con la que coges mis blancas nalgas. Te instalaste y recuerdo los no mientras mi cola saltaba de emoción. Últimamente tomo té de manzanilla por las mañanas. Últimamente se me paspan los labios por las madrugadas. Últimamente asomo mi mirada entre las piernas para ver cómo me seco la conchita por las mañanas. Me subí a la cajonera para ver en el estante de arriba la cajita roja que al final no usé y el paquetito suelto que quedó después de una noche de éxtasis zarpado. Últimamente yo no escribo así, yo no ví muchos ojos en este tiempo pero sí un par de pies bien blancos. Y es que a estas horas no me queda mas que fumar un par de avainillados y encender un sahumerio, disfrutar de esta soledad y de este recuerdo. Porque alguna vez sentí miedo y busqué refugios que encontré en medio de aldeas divinas, con aguas con original sabor a sierras y a la casa a media luz. Y prefiero cantarme, escucharme, toquetearme, no maquillarme y verme. Verme sobre un árbol que no va a caer. Verme las manos, las palmas de las manos en los sueños para que las pupílas puedan ser el túnel de la realidad... Y una vez mas me veo mojada esperando cruzar la avenida para llegar a casa y sé que debo esperar para chupártela como a una paletita, y sé, debo esperar y todo se acumula. Puede que no sea lo mismo. Y sé, creo que ya es tiempo, tiempo de ahogarme y desesperarte y escucharte reír mientras te veo mío ahí. Creo que también es tiempo de dejarme a mí amarte a vos, mamarte a vos. Entonces, por un instante inmenso en flor musical, resistió. ¿Querer que me hagas la cola e amor? sí.
Lemonchelí
COMENTARIO
Extraño tu boca jugosa que
empalaga, los pedazos de amor que entregás a tus propias espaldas,
escondiéndote incluso de vos.
El líquido amnésico de tu
intuición amalgamada de deseo y tu intención de disimular que no sea más.
La prosperidad de tu cuerpo
sobre el mío y la estupidez del que no se note.
Extraño el ímpetu de tus
caderas apunando mi deseo y la magnificencia de tu conducción hacia mi amplio
placer. Las bocanadas de deshielo que le imponés a mi materia. Los elogios de
tu pubis.
Extraño el roce de tu aliento
que lastima mi quietud y la negligencia de mis gemidos indómitos.
Extraño tu mirada impúdica
que me modifica las rimas de nuestros encuentros, amalgamándonos uno dentro del
otro. Los susurros jamás dichos. El sabor de tu lengua, la enumeración de los
desmanes que me provocás.
Extraño el mucho y el todo,
la totalidad de tu presencia. La perfección de tu accionar y la pulcritud de tu
bálano.
Demando más, demando eso que
me mezquinás. Demando no extrañarte y que tus miedos no intervengan. Los pros y
los contras y los “demases” que se
esfumen.
Demando que le hagas caso a
tus quiero e ignores a tus debo.
Demando que te hamaques sobre
mí, que me sometas a ese placer perpetuo.
Demando no extrañarte, a que
no me inventes excusas parapléjicas que ni vos te crees.
Reniego olvidarme de tu
aliento, de la perfecta conjunción que hacíamos el uno debajo del otro. Incluso
reniego de perder el refriego de tu psoas, pendiente de mi ritmo. Del grito
arrancado de mí inconsciente.
Declino lo que siento en pos
de mi placer.
Declino el sabor a revivirte
si me regalás una vez más.
Prometo que la despedida será
veraz, incondicional y solemne. Precoz para mi gusto, pero respetando a tu otro
yo, que te domina, que te cabalga y somete.
Prometo que estas últimas
palabras, son mi última crítica.
Pero también prometo no
olvidarme de tan perfecto placer que me entregaste, de que te extrañé y
demandé. Que renegué y decliné, y sobre todo prometo no volver a prometer.
Valy Wainer
Valy Wainer
Eros y Tánatos
No hay mejor sexo que el que parece una violación.
No quiero escuchar ninguna voz indignada alzándose contra la violencia hacia la mujer.
Consentida, señores.
Con una mirada que señala claramente hasta donde y hasta cuando.
Amo decirle que no haré lo que me pida, cerrar las piernas con fuerza y que me las abra de un cachetazo.
Que me chupe intermitente, mirándome a los ojos; que me deje extasiada pero disconforme justo al borde del orgasmo para exigirme que no acabe hasta que él quiera. ¿Querés más? No te voy a dar, puta.
Que me penetre hasta el fondo, hasta donde duele y que me saque la verga de golpe justo cuando estoy a punto de pedirle más y más.
Que me gire como una muñeca, las manos inmovilizadas, mordiendo la almohada, con los ojos llenos de lágrimas. Que me corra el rímel y me deforme el rostro mientras me habla despacito al oído y me exige que no acabe, que todavía no terminó conmigo.
Amo que me pida que me calle, que me grite, que me ahorque, que me ponga la funda de la almohada en la cabeza mientras me penetra indiscriminadamente.
Amo morderle la verga cuando me la pone a la fuerza en la boca, cuando me provoca una arcada.
Amo todo aquello que pretendí odiar siempre. Porque lo descubrí de golpe con otro y nunca me animé a llevarlo hasta el final.
Amo todo eso porque después me follará lentamente, mirándome a los ojos y acariciándome. Porque me hace sentir una dama y una puta. Por mi cuerpo es suyo, porque su cuerpo es mío. Porque podemos descubrir qué nos gusta, hasta dónde llegaremos. Porque las marcas que nos quedan no están sólo estampadas en las pies.
Lo amo sólo porque es con él. Que no me ama. O que no lo sabe. O que no se anima.
ILSA PLUM
No quiero escuchar ninguna voz indignada alzándose contra la violencia hacia la mujer.
Consentida, señores.
Con una mirada que señala claramente hasta donde y hasta cuando.
Amo decirle que no haré lo que me pida, cerrar las piernas con fuerza y que me las abra de un cachetazo.
Que me chupe intermitente, mirándome a los ojos; que me deje extasiada pero disconforme justo al borde del orgasmo para exigirme que no acabe hasta que él quiera. ¿Querés más? No te voy a dar, puta.
Que me penetre hasta el fondo, hasta donde duele y que me saque la verga de golpe justo cuando estoy a punto de pedirle más y más.
Que me gire como una muñeca, las manos inmovilizadas, mordiendo la almohada, con los ojos llenos de lágrimas. Que me corra el rímel y me deforme el rostro mientras me habla despacito al oído y me exige que no acabe, que todavía no terminó conmigo.
Amo que me pida que me calle, que me grite, que me ahorque, que me ponga la funda de la almohada en la cabeza mientras me penetra indiscriminadamente.
Amo morderle la verga cuando me la pone a la fuerza en la boca, cuando me provoca una arcada.
Amo todo aquello que pretendí odiar siempre. Porque lo descubrí de golpe con otro y nunca me animé a llevarlo hasta el final.
Amo todo eso porque después me follará lentamente, mirándome a los ojos y acariciándome. Porque me hace sentir una dama y una puta. Por mi cuerpo es suyo, porque su cuerpo es mío. Porque podemos descubrir qué nos gusta, hasta dónde llegaremos. Porque las marcas que nos quedan no están sólo estampadas en las pies.
Lo amo sólo porque es con él. Que no me ama. O que no lo sabe. O que no se anima.
ILSA PLUM
DESPERTAR
Siento tu caricia aún antes de despertar del último sueño, o quizá no, quizá tus manos paseaban por mi piel desnuda largo rato cuando tomé conciencia de ello. No recuerdo qué soñaba, pero sí la sensación placentera de mi fantasía y supongo que se debía a ti, a la caricia de tus manos tibias que me buscan cada mañana detrás de tu mirada.
Noto tus labios en mi nuca y tu olor, que me conducen al primer pensamiento consciente y tranquilizador. No estoy sola, tú me acompañas, me proteges y velas el alba. Saberlo me relaja tanto que no quiero despertar, y un suspiro se escapa de mi sonrisa mientras me ocupo en permanecer quieta y mantener los ojos cerrados.
Me palpas despacio valles y barrancos, y tus manos dóciles siguen el camino de mis leves suspiros, que trato de disfrazar de bostezos, Me sabes despierta hace rato, y te impacienta mi holganza, tus envites en mi espalda me advierten de tu expectación. Me desperezo satisfecha y me abro, y tú, dios entre los amantes, me inundas con tu calor.
Mil trinos de pájaros susurran en mi oído: Despierta tierra, ya es tiempo, el sol ha salido.
del blog de Tautina Vaiamalla "espejo opalino"
Noto tus labios en mi nuca y tu olor, que me conducen al primer pensamiento consciente y tranquilizador. No estoy sola, tú me acompañas, me proteges y velas el alba. Saberlo me relaja tanto que no quiero despertar, y un suspiro se escapa de mi sonrisa mientras me ocupo en permanecer quieta y mantener los ojos cerrados.
Me palpas despacio valles y barrancos, y tus manos dóciles siguen el camino de mis leves suspiros, que trato de disfrazar de bostezos, Me sabes despierta hace rato, y te impacienta mi holganza, tus envites en mi espalda me advierten de tu expectación. Me desperezo satisfecha y me abro, y tú, dios entre los amantes, me inundas con tu calor.
Mil trinos de pájaros susurran en mi oído: Despierta tierra, ya es tiempo, el sol ha salido.
del blog de Tautina Vaiamalla "espejo opalino"
HABLANDO DE... DE ESO...

Recuerdo una tarde en la que me llamó por teléfono. Acababa de ducharme y me había puesto ropa de andar por casa, cuando me recosté sobre el sofá para descolgar el aparato. Mi amiga parecía bastante indignada a causa de algo que le había ocurrido aquella misma mañana, un deslumbrante día de agosto en el que Eva y ella habían decidido acompañar a su madre a la playa del Sardinero.
.
Eva era su hermana pequeña, una copia de sí misma ocho años más joven, en un momento en que sus incipientes formas femeninas comenzaban a manifestarse exultantemente. Se trataba de ésa clase de chicas que, cuando uno las ve por la calle, inmediatamente te hacen sentir nostalgia de tu adolescencia perdida, ése momento de tu vida en el que cuerpos como aquel aún estaban moralmente a tu alcance y constituían un auténtico misterio por descubrir. Por su parte, su madre era una señora simpática y vivaracha; muy guapa, aunque sólo despertaba en mí ese reverencial respeto que todo joven ha de sentir ante una matrona de clase media.
.
Al parecer, cuando subieron al autobús, la más joven de las tres decidió sentarse junto a su madre, por lo que María tuvo que hacerlo en un solitario asiento próximo a la puerta de salida. Mientras el autobús iba, poco a poco, llenándose de gente, su hermana comenzó a hablarle del campamento de verano al que iba acudir un par de semanas después en Liébana.
Al cabo de un rato, María vio subir a un desconocido. Era rubio, alto y de aspecto nórdico: obviamente un turista extranjero. En otras circunstancias, posiblemente le hubiera encontrado atractivo, pero su mirada irradiaba una indefinible insolencia que le resultó bastante desagradable. Al igual que la mayor parte de los viajeros, a causa del calor veraniego tan sólo vestía una camiseta de manga corta y un bañador.
.
Sin prestarse mutua atención, el turista se situó de pie frente a ella, agarrándose a la barra de la puerta para no caerse, mientras observaba distraídamente el paisaje que desfilaba a través de la ventanilla. El autobús empezaba a encontrarse atestado de viajeros y, para entonces, Eva le contaba diversas anécdotas acerca de su grupo de amigas… en el mismo momento en que, hacia el margen izquierdo de su visión, María se percató de que el pene del rubio extranjero iba cobrando forma, a medida que se hinchaba lentamente a pocos centímetros de su cara. Sin lugar a dudas –me aseguró, aún conmocionada-, aquella era la verga más grande que jamás había visto, y a medida que sus formas se iban definiendo claramente bajo el bañador, su hermana, girada sobre su asiento y ajena a todo ello, continuaba exponiéndole entusiasmada sus planes para el verano...
.
Relato completo en PDF (vale la pena leerlo)
.
SERGIO BLANCO
de su blog ALEX EN NERVERLAND
QUIERO SENTIRTE DENTRO DE MI...

Quiero sentirte dentro de mi. No puedo negarlo ni me gusta ocultarte mis deseos más profundos. Déjame desabrocharte el pantalón y poder ver más allá de tus piernas. Déjame desencadenar la pasión que arde dentro de mí para qué termines dentro de mis entrañas, fundiéndose con tus carcajadas orgásmicas y tu sudor que absorbe mi cuerpo como agua de mayo. Deseo escuchar tus fuertes gemidos cerca de mi oído y sentir el calor de tus jadeos en mi cuello. Quiero rozar el tacto de tu fuerte cuerpo, absorber esa fragancia que desprende tu pelo, degustar el sabor tu lengua, oír tus gritos de lujuria y ver en tus ojos un mar inmenso de placer. Quiero sentir cosas, muchas cosas, cosas bonitas, cosas hermosas, cosas placenteras. Me encanta sentir como estalla tu interior comprimiendo y llenando cierta parte de mi cuerpo de la mejor de tus esencias. Deseo que me hagas sentir. Quiero sentirme dentro de ti. TE AMO
.
.
de la web de lococtelera
Ayer, nos tuvimos...sin pertenecernos...

Ayer fui nuevamente de ti...que no tuya, me dejé poseer sin ser de tu posesón.
Usaste mis caricias, prestaste mis mimos, recogi besos en tu nombre...(y los dí)
me entregué sin llegar a ser de nadie y entre placeres te di placer.
Regalé deseos, mezclé mis gemidos entre extraños, compartí los aromas...
todo olia sexo...a lujuria...
Mientras...dime...¿tu? ¿que hacias?
ahh, siii, nuevamente de mi...sin ser mio, feliz conmigo...en otra...
con tu mirada colmada de vicio...
Ayer, nos tuvimos...sin pertenecernos...
quizás por eso, hoy, te deseo mucho más.
de la web PIEL DESNUDA de Mamots.
ANEXIONANDONOS
Dormís y te deseo.
Con la lengua delineo el contorno de tus labios apenas degustando las cosquillas de tu barba.
¡Qué boca perfecta!
Disfrutar lamer esa pequeña porción de ausente bello junto a la comisura de tu gloriosa boca. Deslizar la lengua, recorrer tu cara, nunca a contrapelo.
Tú oreja, deliciosa. Comerla a besos, babear cada pabellón. Con la punta de mi lengua tiesa penetrar. Succionarte el lóbulo.
Oler tu cuello.
Iniciar el camino, separar tus brazos y mi seno contra tu pecho. Contornearme para delatar tu cuerpo.
Se corta el silencio por tu jadeo, suave emisión desliza tu sueño.
Imprimir las uñas en tu torso erizado. Dirigir mi aliento.
Detenerme.
Gemidos recíprocos envuelven el tiempo.
Permitirle al sudor conjugarse. Entre baba y deseo hundir mi boca ya sin aliento.
Besar, succionar, chupar babosear, disfrutar de tu ondular.
Las manos a pleno y tus yemas gritan.
¿Te abandonó el buen sueño?
Hamacar nuestras pelvis.
Zozobrar los quejidos.
Anudados, presionados, amalgamados, inquietados, recibidos, estivados.
Esculpir tu pasión dentro de mí en un estruendo.
Encontrar repentino que el sueño esta noche te fue interrumpido.
Disfrutar el sorroche.
Ahora sí, te dejo dormido.
valy wainer
Con la lengua delineo el contorno de tus labios apenas degustando las cosquillas de tu barba.
¡Qué boca perfecta!
Disfrutar lamer esa pequeña porción de ausente bello junto a la comisura de tu gloriosa boca. Deslizar la lengua, recorrer tu cara, nunca a contrapelo.
Tú oreja, deliciosa. Comerla a besos, babear cada pabellón. Con la punta de mi lengua tiesa penetrar. Succionarte el lóbulo.
Oler tu cuello.
Iniciar el camino, separar tus brazos y mi seno contra tu pecho. Contornearme para delatar tu cuerpo.
Se corta el silencio por tu jadeo, suave emisión desliza tu sueño.
Imprimir las uñas en tu torso erizado. Dirigir mi aliento.
Detenerme.
Gemidos recíprocos envuelven el tiempo.
Permitirle al sudor conjugarse. Entre baba y deseo hundir mi boca ya sin aliento.
Besar, succionar, chupar babosear, disfrutar de tu ondular.
Las manos a pleno y tus yemas gritan.
¿Te abandonó el buen sueño?
Hamacar nuestras pelvis.
Zozobrar los quejidos.
Anudados, presionados, amalgamados, inquietados, recibidos, estivados.
Esculpir tu pasión dentro de mí en un estruendo.
Encontrar repentino que el sueño esta noche te fue interrumpido.
Disfrutar el sorroche.
Ahora sí, te dejo dormido.
valy wainer
La estatua fue descubierta durante el pontificado de Urbano VIII (1623-1643) en las excavaciones del foso del castillo Sant'Angelo, en Roma.
ÉL, DESPUÉS DE TODO
Y apareció, él ... un nuevo sortilegio de ardores que tiemblan, con sólo revivirlo en instantes pasados y presentes, mínimos, huye. Hasta el último y miserable anhelo de explorar sus rincones libidinosos, perversos; no es ángel, no es demonio.
E insiste en endulzar su boca con mi sexo, que se abre escarlata a la timidez vencida, tan húmeda.
Y apareció, él... con toda la nueva dificultad de aunar los tiempos y las traiciones. No existe la culpa en las paredes de nuestros encuentros; si se agigantan y aplastan lujuriosos a los fantasmas que quieren oscurecer nuestros vientres. Vientres que se descubren desesperados en una diabólica pasión santa.
El final, presente desde el principio, como una verdad inevitable, un morir que se hace desesperanza con el paso del tiempo. No hay silencio, aún, sólo gemidos. Todavía hay dilataciones, todavía es un corto y erecto tránsito, todavía estamos vivos en las dudas y en la agonía; pero... es tan difícil volver cuerpo al deseo.
SOFÍA LANDSMAN
E insiste en endulzar su boca con mi sexo, que se abre escarlata a la timidez vencida, tan húmeda.
Y apareció, él... con toda la nueva dificultad de aunar los tiempos y las traiciones. No existe la culpa en las paredes de nuestros encuentros; si se agigantan y aplastan lujuriosos a los fantasmas que quieren oscurecer nuestros vientres. Vientres que se descubren desesperados en una diabólica pasión santa.
El final, presente desde el principio, como una verdad inevitable, un morir que se hace desesperanza con el paso del tiempo. No hay silencio, aún, sólo gemidos. Todavía hay dilataciones, todavía es un corto y erecto tránsito, todavía estamos vivos en las dudas y en la agonía; pero... es tan difícil volver cuerpo al deseo.
SOFÍA LANDSMAN
El estado de la vulva en excitación
Me gustaría describirle a los hombres qué experimenta una mujer en sus partes íntimas cuando se excita, las sensaciones de nuestro cuerpo, o al menos del mío.
Ante un determinado estímulo erótico concreto, por ejemplo una pareja que se besuquea impudorosamente delante de tus narices en el autobús, lo primero es un rubor allí abajo, una ligerísima subida de temperatura.
La boca se saliva y la garganta se contrae, de modo que tragar se hace algo más costoso. Entonces los labios vaginales cosquillean sutilmente y sientes un leve rocío, como si sudaras por ahí abajo.
Esto sucede a lo largo de unos minutos, no es instantáneo. Dan ganas de frotarse allí, de apretar las piernas o de menearse. Si estás a solas todo se acelera porque puedes bajarte la ropa y acariciarte, pero si seguimos en el autobús, hay que mantener las formas y no es demasiado difícil.
Es momento de relajar la mente y dejar al cuerpo fluir, abandonarse y volverse más irresponsable, más facilona y frívola. Los ojos se entornan, los pezones se endurecen. Si alguien nos preguntase la hora, nuestra voz saldría más aguda que habitualmente, más melosa.
Sientes ya los labios pulposos y jugo entre ellos. Si el proceso se prolonga deleitándose en las sensaciones y la parejita impúdica de este cuento sigue dando espectáculo -el trayecto ha de ser largo- comienzan a caer gotitas espesas y dulzonas que empapan las bragas, pero difícilmente traspasan el pantalón. Es chulísimo notar ese líquido caliente resbalar despacito por la abertura inferior y perderse entre la carne.
Este sería el momento perfecto para ofrecer la fruta a un buen cipote armado, pero si no lo hay, no pasa nada: me conformo con mirar.
Susana Moo
.
.
..
.
.
.
.
Camille and Clode
Ante un determinado estímulo erótico concreto, por ejemplo una pareja que se besuquea impudorosamente delante de tus narices en el autobús, lo primero es un rubor allí abajo, una ligerísima subida de temperatura.
La boca se saliva y la garganta se contrae, de modo que tragar se hace algo más costoso. Entonces los labios vaginales cosquillean sutilmente y sientes un leve rocío, como si sudaras por ahí abajo.
Esto sucede a lo largo de unos minutos, no es instantáneo. Dan ganas de frotarse allí, de apretar las piernas o de menearse. Si estás a solas todo se acelera porque puedes bajarte la ropa y acariciarte, pero si seguimos en el autobús, hay que mantener las formas y no es demasiado difícil.
Es momento de relajar la mente y dejar al cuerpo fluir, abandonarse y volverse más irresponsable, más facilona y frívola. Los ojos se entornan, los pezones se endurecen. Si alguien nos preguntase la hora, nuestra voz saldría más aguda que habitualmente, más melosa.
Sientes ya los labios pulposos y jugo entre ellos. Si el proceso se prolonga deleitándose en las sensaciones y la parejita impúdica de este cuento sigue dando espectáculo -el trayecto ha de ser largo- comienzan a caer gotitas espesas y dulzonas que empapan las bragas, pero difícilmente traspasan el pantalón. Es chulísimo notar ese líquido caliente resbalar despacito por la abertura inferior y perderse entre la carne.
Este sería el momento perfecto para ofrecer la fruta a un buen cipote armado, pero si no lo hay, no pasa nada: me conformo con mirar.
Susana Moo

.
.
..
.
.
.
.
Camille and Clode
PERO ELLOS NO PUEDEN
Hoy me desperté con problemas existenciales y mientras me bañaba, mi marido me gritaba "que donde está su corbata bordeax", los chicos se peleaban gritando - "¡mamá... Gastón me tiró con un camionsito! Pablo me pegó primero, etc.", el agua caliente se cortó de golpe porque - Marta (la señora que me ayuda, o complica más la existencia con sus propios problemas) abrió la canilla de la cocina. Pero como buena mujer poliglota de acciones y pensamientos YO PENSABA - ¿qué es la vida? ...y es algo que primero nos prestan nuestros padres, la roban nuestros novios, se la guarda nuestro marido, la alquila nuestros hijos y después termina pudriéndose en un cajón de un geriátrico...
Mientras me ponía las medias y la enganchaba con mi uña, (la cual no pude limarme ya que no me queda tiempo ni para eso) y siguiendo en mi línea de pensamiento tan profunda decidí que en realidad la vida me había premiado haciéndome mujer, claro, si no hay nada más fácil que la vida de una mujer. Por ejemplo: fuimos bendecidas con el embarazo, la dulce espera. Es maravilloso, de golpe un día nos despertamos con asco, nauseabundas, sin ganas siquiera de abrir los ojos porque te mareas, pero tenemos un trabajo o una casa, quizás otros hijos y hay que comenzar el día. Así que en pié... y al suelo, se va la primera, en realidad el primer desmayo, y cómo lo último que podemos imaginarnos es que fuimos bendecidas con la manufactura de ¡¡UN HIJO!!, seguimos andando.
Empezamos a sospechar que algo crece adentro cuando vemos un perro rengo por la calle y lloramos como si hubiéramos perdido un pariente en un terrible accidente. Y lo peor seguimos llorando durante todo el embarazo.
Dejamos de fumar, claro cómo hacer fumar a nuestro bebe, pero es bien sabido que quien deja de fumar sustituye su ansiedad con comida y engorda cual porcino, agregando un embarazo de por medio terminaremos pareciendo un sapo, no mejor dicho un escuerzo. ¡Pero qué lindo es estar embarazada!
Palabra prohibida mencionar un sencillo dolor de cabeza, si de cualquier manera como solucionarlo si las aspirinas tampoco nos son permitidas. Pero si algo tiene de bueno la dulce espera es que hacemos un tour completo por absolutamente todos los baños de la ciudad de Buenos Aires, que lindo es levantarse en la mitad de la película para una peregrinación al toilette.
¡Qué bueno!, se han de cumplir nuestras fantasías, cuando viajemos en colectivo nos cederán el asiento. Claro que no en los primeros tres meses porque no se nota; obvio en la panza, ya que por lo mal que nos sentimos nos merecemos más que un asiento una cama. Ahora ya en el segundo trimestre es diferente, tampoco nos dan el asiento porque temen meter la pata si lo nuestro es gordura o un embarazo, por más que nos esforcemos y pongamos las manos en nuestro vientre resaltando que tenemos un tripulante la gente o se hace o es tonta.
Llegando al final del embarazo, el último trimestre, nos volvemos tan voluminosas que llegamos a perder el equilibrio cayéndonos en la calle de narices por que el centro de gravedad de nuestro cuerpo insiste con jugarnos malas pasadas.
Contracciones, ¡¡ja!! Que lindas que son, esas que no son de parto, las otras las que sirven solo para molestar, esas que nos agarran en el supermercado y no nos permite empujar el carrito ni un centímetro más, y en esos inmensos lugares que ni siquiera hay una sillita solidaria. Luego de la gran hazaña llegamos a casa con la mitad de las cosas ya que por razones más que obvias no podemos cargar con todo, y le pedimos al padre de nuestro inquilino intrauterino que por favor nos acompañe la próxima al super, ¿su respuesta cual debería ser? "No hace falta que vayas en una sola vez, podés ir en varias". En fin.
Por suerte como todo, el embarazo no es eterno, tan solo dura ocho meses y un siglo, (o aquellas que lo experimentaron no están de acuerdo con migo, que el último mes dura un siglo), y a parir se ha dicho.
¡¡¡¡¡SAQUENMÉ ESTO DE ADENTRO, NO AGUANTO MÁS EL DOLOR, QUIEN ME MANDÓ A MÍ A EMBARAZARME mailto:&*Ç=#$¨{+=~º*&ç@[^#$#`ª$%!!!!!!!!!
La que lo vivió no le hace falta explicaciones.
El médico, ese bendito criminal que no va a correr riesgos y nos corta para que no nos desgarremos, igual en medio de tanto griterío, dolor, etc. a quién le importa unos puntos por ahí abajo. La desgracia viene después, una vez que nos llenamos de amor, abrazamos a ese ser que no sabemos porque en el instante en que le miramos los ojos estamos completamente enamorados de él o ella (pobresita le tocó ser mujer). Es luego de ese momento que descubrimos qué es la episiotomía, lo que tiran los puntos, cuanto arde si tenemos que hacer pis, claro que no olvidemos el estirón; por un agujerito de unos pocos centímetros salió una cabeza vaya a saber con que gigantesco diámetro.
Las más cancheras, que no son primerizas y cayeron en la trampa por segunda vez, lo que no imaginan, es que existe algo llamado entuerto, AAAHHHHH, como duelen cuando el bebé se prende a la teta sumado a los gases que empujan desde adentro, más las hemorroides por el esfuerzo, más el pánico que nos causa la idea de hacer algo tan simple como caca, el dolor que nos queda en la espalda por la pinchadura de la peridural, socooooorrrrro quien miércoles nos mandó a ser mujer.
Viene la parte linda, esa donde mami se conecta con el bebito mientras le da la teta, que amor sentimos cuando lo acercamos, y que delicia cuando se prende, mentira como podemos sentir amor en ese preciso instante en donde la bestia se va a prender a nuestra teta y ya sabemos que nos va a producir los entuertos insoportables. Inmediatamente se nos inflan los pechos como dos globos aerostático no solo por el tamaño si no también por la temperatura, no olvidar que junto con la bajada de la leche nos agarra fiebre, luego las turgencias dolorosas y la leche que se atasca y hay que sacársela sí o sí porque puede producir mastitis. Y cual es la forma, ordeñarnos cual vacas, en mucho no diferimos, ya que aún tenemos panza de embarazadas sin llevar a nadie alojado adentro, a la altura del pecho tenemos ubres, o un bar lácteo, y doscientos kilos de más que nos quedaron. Solo nos falta mugir.
Y bueno mejor que exprimirnos y ponernos compresas de agua caliente para ayudar a la leche a salir es que nuestro bebito se la coma, y de tanto insistir, los pezones se agrietan, sangran, duelen, y otra vez las lágrimas cada vez que ese tiene hambre.
Ya nos duelen los omóplatos del sobre peso de las mamas, el cuello por la posición para dar de mamar y la vida por no dormir, no comer, no ir al baño no respirar, no peinarnos...
No importa es maravilloso ser mujer, cobrar menos por el mismo trabajo que los hombres, que nos acusen de no hacer nada porque somos simplemente amas de casa, já simplemente, la sencillez de parir y ser madres, total como todas luego de un tiempo prudencial, nos agarra amnesia y reincidimos, si no ninguna tendría más de un hijo.
¿Les hablé de la celulitis y cómo nos queda el cuerpo despues del parto?
Mientras me ponía las medias y la enganchaba con mi uña, (la cual no pude limarme ya que no me queda tiempo ni para eso) y siguiendo en mi línea de pensamiento tan profunda decidí que en realidad la vida me había premiado haciéndome mujer, claro, si no hay nada más fácil que la vida de una mujer. Por ejemplo: fuimos bendecidas con el embarazo, la dulce espera. Es maravilloso, de golpe un día nos despertamos con asco, nauseabundas, sin ganas siquiera de abrir los ojos porque te mareas, pero tenemos un trabajo o una casa, quizás otros hijos y hay que comenzar el día. Así que en pié... y al suelo, se va la primera, en realidad el primer desmayo, y cómo lo último que podemos imaginarnos es que fuimos bendecidas con la manufactura de ¡¡UN HIJO!!, seguimos andando.
Empezamos a sospechar que algo crece adentro cuando vemos un perro rengo por la calle y lloramos como si hubiéramos perdido un pariente en un terrible accidente. Y lo peor seguimos llorando durante todo el embarazo.
Dejamos de fumar, claro cómo hacer fumar a nuestro bebe, pero es bien sabido que quien deja de fumar sustituye su ansiedad con comida y engorda cual porcino, agregando un embarazo de por medio terminaremos pareciendo un sapo, no mejor dicho un escuerzo. ¡Pero qué lindo es estar embarazada!
Palabra prohibida mencionar un sencillo dolor de cabeza, si de cualquier manera como solucionarlo si las aspirinas tampoco nos son permitidas. Pero si algo tiene de bueno la dulce espera es que hacemos un tour completo por absolutamente todos los baños de la ciudad de Buenos Aires, que lindo es levantarse en la mitad de la película para una peregrinación al toilette.
¡Qué bueno!, se han de cumplir nuestras fantasías, cuando viajemos en colectivo nos cederán el asiento. Claro que no en los primeros tres meses porque no se nota; obvio en la panza, ya que por lo mal que nos sentimos nos merecemos más que un asiento una cama. Ahora ya en el segundo trimestre es diferente, tampoco nos dan el asiento porque temen meter la pata si lo nuestro es gordura o un embarazo, por más que nos esforcemos y pongamos las manos en nuestro vientre resaltando que tenemos un tripulante la gente o se hace o es tonta.
Llegando al final del embarazo, el último trimestre, nos volvemos tan voluminosas que llegamos a perder el equilibrio cayéndonos en la calle de narices por que el centro de gravedad de nuestro cuerpo insiste con jugarnos malas pasadas.
Contracciones, ¡¡ja!! Que lindas que son, esas que no son de parto, las otras las que sirven solo para molestar, esas que nos agarran en el supermercado y no nos permite empujar el carrito ni un centímetro más, y en esos inmensos lugares que ni siquiera hay una sillita solidaria. Luego de la gran hazaña llegamos a casa con la mitad de las cosas ya que por razones más que obvias no podemos cargar con todo, y le pedimos al padre de nuestro inquilino intrauterino que por favor nos acompañe la próxima al super, ¿su respuesta cual debería ser? "No hace falta que vayas en una sola vez, podés ir en varias". En fin.
Por suerte como todo, el embarazo no es eterno, tan solo dura ocho meses y un siglo, (o aquellas que lo experimentaron no están de acuerdo con migo, que el último mes dura un siglo), y a parir se ha dicho.
¡¡¡¡¡SAQUENMÉ ESTO DE ADENTRO, NO AGUANTO MÁS EL DOLOR, QUIEN ME MANDÓ A MÍ A EMBARAZARME mailto:&*Ç=#$¨{+=~º*&ç@[^#$#`ª$%!!!!!!!!!
La que lo vivió no le hace falta explicaciones.
El médico, ese bendito criminal que no va a correr riesgos y nos corta para que no nos desgarremos, igual en medio de tanto griterío, dolor, etc. a quién le importa unos puntos por ahí abajo. La desgracia viene después, una vez que nos llenamos de amor, abrazamos a ese ser que no sabemos porque en el instante en que le miramos los ojos estamos completamente enamorados de él o ella (pobresita le tocó ser mujer). Es luego de ese momento que descubrimos qué es la episiotomía, lo que tiran los puntos, cuanto arde si tenemos que hacer pis, claro que no olvidemos el estirón; por un agujerito de unos pocos centímetros salió una cabeza vaya a saber con que gigantesco diámetro.
Las más cancheras, que no son primerizas y cayeron en la trampa por segunda vez, lo que no imaginan, es que existe algo llamado entuerto, AAAHHHHH, como duelen cuando el bebé se prende a la teta sumado a los gases que empujan desde adentro, más las hemorroides por el esfuerzo, más el pánico que nos causa la idea de hacer algo tan simple como caca, el dolor que nos queda en la espalda por la pinchadura de la peridural, socooooorrrrro quien miércoles nos mandó a ser mujer.
Viene la parte linda, esa donde mami se conecta con el bebito mientras le da la teta, que amor sentimos cuando lo acercamos, y que delicia cuando se prende, mentira como podemos sentir amor en ese preciso instante en donde la bestia se va a prender a nuestra teta y ya sabemos que nos va a producir los entuertos insoportables. Inmediatamente se nos inflan los pechos como dos globos aerostático no solo por el tamaño si no también por la temperatura, no olvidar que junto con la bajada de la leche nos agarra fiebre, luego las turgencias dolorosas y la leche que se atasca y hay que sacársela sí o sí porque puede producir mastitis. Y cual es la forma, ordeñarnos cual vacas, en mucho no diferimos, ya que aún tenemos panza de embarazadas sin llevar a nadie alojado adentro, a la altura del pecho tenemos ubres, o un bar lácteo, y doscientos kilos de más que nos quedaron. Solo nos falta mugir.
Y bueno mejor que exprimirnos y ponernos compresas de agua caliente para ayudar a la leche a salir es que nuestro bebito se la coma, y de tanto insistir, los pezones se agrietan, sangran, duelen, y otra vez las lágrimas cada vez que ese tiene hambre.
Ya nos duelen los omóplatos del sobre peso de las mamas, el cuello por la posición para dar de mamar y la vida por no dormir, no comer, no ir al baño no respirar, no peinarnos...
No importa es maravilloso ser mujer, cobrar menos por el mismo trabajo que los hombres, que nos acusen de no hacer nada porque somos simplemente amas de casa, já simplemente, la sencillez de parir y ser madres, total como todas luego de un tiempo prudencial, nos agarra amnesia y reincidimos, si no ninguna tendría más de un hijo.
¿Les hablé de la celulitis y cómo nos queda el cuerpo despues del parto?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
